La cultura del narcisismo es la cultura de la obsesión dominante es vivir el presente. Vivir para sí mismos, no para los predecesores ni para los venideros. Estamos perdiendo rápidamente, el sentimiento de la continuidad histórica, el sentimiento de pertenencia a una sucesión de generaciones que hunde sus raíces en el pasado y se proyecta en el futuro.



Es la pérdida del sentido histórico, en particular la lenta disolución de cualquier interés serio por la posteridad. Estas condiciones han transformado también a la familia, que es, a su vez, un factor determinante en la estructura profunda de la personalidad. Una sociedad que teme no tener futuro no puede estar muy atenta a las necesidades de las nuevas generaciones, y el sentimiento siempre presente de discontinuidad histórica - el flagelo de nuestra sociedad - repercute sobre la familia con efectos particularmente devastadores.



Los esfuerzos de los padres modernos porque sus hijos se sientan amados y deseados no consiguen esconder un distanciamiento de fondo, el de quien tiene muy poco que transmitir a la siguiente generación y ve, en todo caso, como prioritario su derecho a la realización personal. El distanciamiento emocional, unido a los intento de convencer al niño de su posición de privilegio en el interior de la familia, constituyen una excelente base para empujarlo a modelar una personalidad narcisista.



Hoy estamos leyendo en las noticias, tres hechos lamentables en nuestra sociedad, un estudio de la ONU: Chile está sexto entre los países consumidores de coca a nivel mundial, este estudio, difundido por el diario El Tiempo de Madrid, revela que 1,7% de la población chilena de entre 15 y 64 años, declara haber consumido cocaína en el último año.



La desigualdad de ingresos volvió a pasarle la cuenta a Chile en el ranking internacional. Pese a destacar en una serie de estándares -como tasa de crecimiento promedio, nivel de escolaridad y acceso a servicios básicos-, nuestro país sigue liderando negativamente en términos de la brecha que existe entre ricos y pobres.

De acuerdo al último informe de la Organización de Naciones Unidas (ONU), Chile es el país que posee el mayor índice de desigualdad entre las 53 naciones que conforman el primer grupo de desarrollo humano. De este modo, el 20% más rico de la sociedad se lleva el 62,2% de los ingresos del país, mientras que el 20% más pobre sólo alcanza el 3,3%. Con este tipo de datos, la ONU construye sus índices de desigualdad, que revelan cuántas veces está contenido el ingreso del porcentaje más pobre de la población en el del más rico. Obviamente, mientras mayor es la cifra, mayor también es la desigualdad. El coeficiente de Gini, que mide la brecha entre ricos y pobres, es muy parecido en Chile a la situación de varios países africanos. A nivel local llega a 57, casi la misma cifra que tienen Sudáfrica, Zimbabwe, Swazilandia o Nigeria.



Últimamente se ha visto en la televisión y en los diarios diferentes reportajes y notas acerca de los jóvenes y adolescentes chilenos, en los que se muestra lo que éstos hacen tanto en las salidas de los fines de semana como en sus horas libres durante los días de semana e, incluso, durante las horas de colegio.


¿Qué hacer entonces para encontrar un remedio, para prevenir este crecimiento de trágicos destinos? Habría que inventar modalidades sociales nuevas, inspiradas éticamente, para obstaculizar la difusión de esa plaga que nos infecta a todos y que se llama individualismo duro. Ya es tiempo de moverse en esta dirección. Ya que las excesivas epidemias sociales de los adolescentes, las tóxicas dependencias y la impresionante multiplicación de las diagnosis de borderline y de los casos de anorexias - bulimias, de depresiones y suicidios adolescentes testimonian trágicamente la urgencia de cambios que no reduzcan a la gente a encerrarse en una coraza. Para esta tarea estamos llamados, por supuesto, en primera línea, todos nosotros, los psicoterapeutas, de cualquier método y escuela como obligación moral, es más, como responsabilidad moral.


Con todo lo anterior, nos podemos dar cuenta de los tres culpables y detectar quienes son estos, la Familia, el Estado y Los Colegios, aquí en los colegios quiere detenerme un poco, y dar a conocer la responsabilidad total de los colegios, la educación de los alumnos nos es solamente desde las 8 de la mañana hasta las 17 horas de la tarde la educación, no solo debe cumplir con el horario no mas, recuerden que uno pasa mas tiempo de la vida con los compañeros y los profesores durante 18 años de tu vida en el colegio.


Donde el colegio debe educar y entregar herramientas para enfrentar la vida y una de estas herramientas y muy completa es la vocacional donde existen la curiosidad y el placer por la realización de la tareas y no sólo por sus logros y gustos; se te ocurren cosas nuevas o puntos de vista diferentes a los ya existentes en esto, te animas a especular, a hacer hipótesis, sientes una seguridad intuitiva que de alguna manera saldrás adelante con esto y quisieras hacerlo a tu manera con el apoyo del colegio y sientes que esto es muy necesario para los demás o para toda la vida, es por este motivo la Familia, Estado y los Colegios son tan culpables del flagelo de nuestra juventud, también es cierto que cada uno decide su vida, si sigue o no su vocación; pero la vida reclama satisfacciones sobre todo pasado los 30 y lo malo que la persona no las encuentra en cualquier parte, no es algo que pueda inventarse, lo que para una persona le produce satisfacción para otra no y es en su vocación donde llega esto a que nuestra juventud no se pierda en este flagelo.


Pablo Ramírez Torrejón
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