Tres gobiernos similares y situaciones idénticas, con una misma condición política, donde el poder los desgasta y más en estos tiempos de expectativas decrecientes, no es cierto que el poder destruye o corroe. Contra el PSOE y contra Felipe González se desató en los últimos años toda una conjura de intereses oscuros, financiero-políticos y financiero-mediáticos.


La popularidad del presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, resistió en julio el escándalo de corrupción en su partido, pero 42 por ciento de la población cree que corre el riesgo de perder el mandato por la crisis, mostró el miércoles una encuesta.


Nadie puede decir que Ricardo Lagos tiene muy claro sobre la Concentración del Poder Económico, tuvo una tremenda repercusión en los años sesenta. Lagos fue considerado, gracias a su investigación que publicara la Editorial del Pacífico, un virtuoso de la economía, un auténtico Mozart para esta ciencia social. En dicho estudio, Lagos sostenía que el verdadero poder estaba en los bancos, la industria y el latifundio, y en consecuencia, hacia allá había que dirigir el poder regulador del Estado. Según el que ahora es Presidente de la República, sólo un 9% de chilenos acaparaba el 43% del ingreso nacional, lo que 40 años después casi no ha cambiado. Por tanto, nadie puede sostener que Lagos no sabe, no es consciente.


El Presidente Lagos, más que nadie en Chile, debe ser el hombre más conciente acerca de las implicancias de la concentración del poder económico. Sin embargo, bajo su gobierno, el Banco del Estado le prestó 120 millones de dólares al grupo Luksic para favorecer su consolidación como grupo financiero con la compra del Banco Chile. Podríamos decir, en su favor, que los tiempos han cambiado y mucho.


Es decir, nos esconde que el verdadero rostro de las exportaciones chilenas es de Angelini, Luksic, y de otros jefes de los grupos económico-financieros que Lagos criticó duramente en su época de estudiante. Hoy esta enfrentado responsabilidad del Presidente Ricardo Lagos, como ex ministro de Obras Públicas, en el desplome del puente Loncomilla en el informe sobre el accidente del viaducto aprobado por la comisión investigadora de la Cámara de Diputados.


Parece que la popularidad de los tres, tienen algo en común que son los escándalos y conjura de intereses oscuros, financiero-políticos y financiero-mediáticos.




Pablo Ramírez Torrejón
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