¿Voto útil para qué? , y más aún, ¿Para Quién?

Estamos viviendo en un peligroso momento de creciente descontento, desconfianza y desinterés popular ante la política, donde lo cada vez más frecuente es que la gente vea la política como espectadora de una actividad que les resulta tan ajena como técnica, tan falsa como inenetendible.

Eso no es casual. Si la gente es así y los gobiernos lo consienten es por algo;
¿Quien les va a reclamar a éstos sobre algo que no le interesa al pueblo, que cree que es algo exclusivamente para gente especializada y sobre lo que no entienden? ; ¿Con qué peso social?

Es justo ahora cuando más se debe luchar contra que los ciudadanos se conviertan en votantes de partido y no de ideología, en una masa que sigue a un líder que la libre del esfuerzo de tener que implicarse en lo que le conviene a todos, bajo un apreciable espíritu derrotista y conformista asumido de antemano.

El bipartidismo hace que la mayoría de la gente sienta que elige al que considera menos malo; ¿En esto consiste la democracia? Churchill dijo que la democracia es el sistema político menos malo. Sin duda tenía razón, pero, ¿Debe ser aceptado y alentado como útil para la democracia que un partido quiera comprar intenciones de voto pretendiendo eliminar de la vida política a otros partidos que, al menos, merecen la misma consideración y el mismo respeto que ellos?

¿Se tiene que aceptar como útil que quienes pretenden combatir contra las actitudes imperialistas y autoritarias de los actuales gobiernos de sus respectivos países, hablando de progreso, de cambio, de talante democrático e integrador, comiencen por denostar a otros partidos políticos que buscan un espacio de representatividad social?

¿Es el bipartidismo, tan asentado en cada vez más países y al que tendemos en su plenitud, la práctica de distribución política menos mala?

Yo creo que no, y me parece que es necesario recuperar con firmeza el verdadero sentido de la democracia, donde el pueblo, participando en su gobierno, pueda libremente asociarse y encontrar el refrendo a sus intereses como sociedad en diferentes partidos políticos, que no sólo escuchen sus reclamos, sino que lleven a cabo la verdadera y transparente voluntad de quien representan.


Esta sospechosa teoría del voto útil lo que pretende es que olvidemos la gran y sana utilidad democrática que produce la diversidad política, el debate, y sobre todo el cuestionamiento.

Cuando los teóricos demócratas de la supuesta izquierda pretenden erradicar a los partidos pequeños, lo que quieren es evitar que haya grupos políticos que cuestionen sobre los asuntos a los que ellos no se atreven a enfrentarse, tales como la esencia del capitalismo, las privatizaciones, los contratos temporales, el excesivo gasto militar, los incumplimientos medioambientales, la manipulación mediática y el poder de las multinacionales y las bancas sobre las decisiones políticas.

Estos partidos, que se adueñan del término cambio para tapar a los que sí pretenden llevarlo a cabo, lo que no quieren es que se descubra, a base de indagar y hacer saber a la gente con documentos que logren al fin la difusión pública, que tras esa máscara de cambio se esconden los mismos patrones, pero vendedores de otra marca de collares para perros, que dirigen y sustentan las prácticas políticas más conservadoras de un sistema que es cada vez más excluyente y con ello a la vez cada vez más favorable para sus propios y particulares intereses.




Pablo Ramírez Torrejón (PD).
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