La enfermedad Holandesa es cuando la recién descubierta abundancia de recursos naturales de un país lleva a una riqueza casi inmediata, como caída del cielo, la inversión en el resto de la economía se traslada del sector de bienes comercializables (sobre todo las manufacturas) al sector de bienes no comercializables (principalmente los bienes de consumo y los servicios). El diagnóstico es bien conocido: la conocida como Enfermedad holandesa. Si desaparecen los recursos naturales que generaron la riqueza inesperada (en este caso el petróleo y el gas), la economía se queda con muy pocas industrias competitivas y demasiados cafés de librería vacíos. A continuación vendrá, sin duda alguna, una reestructuración dolorosa.



Si Noruega ha de evitar sucumbir ante la Enfermedad holandesa, hay solo una solución. Dado que la importancia del sector de bienes comercializables se desvanece, el sector de bienes no comercializables debe incrementar su productividad y rendimiento. Hay básicamente solo una forma de lograr el necesario crecimiento de productividad y rendimiento: la demanda excesiva del sector público debe ser trasladada a otro sitio. Después de todo, la demanda no desaparecerá por sí misma. Las listas de espera para servicios médicos y clínicos en Noruega ya parecen interminables y los edificios de las escuelas se deterioran (algunos ya han sido clausurados por las autoridades de salud pública).


Una gama de servicios públicos tendrá que ser, por lo tanto, privatizada. Como siempre, ese será un proceso difícil y políticamente contencioso. Pero también brindará una oportunidad de oro para aprovechar realmente el potencial del país a través de una estrategia de inversión sensata, que es el propósito original del Fondo Petrolero. Esa estrategia debería incluir una significativa cantidad de inversión en el capital humano: educación, capacitación e investigación científica básica. Pero las ideas brillantes no se surten bajo pedido. Cualquier esfuerzo que el gobierno haga por sustentar a las industrias agonizantes o por asignar inversión a través de la elección de todo tipo de proyectos "innovadores" será una receta de desastre económico.



Como sucede tan a menudo en el resto del mundo, la riqueza casi inmediata, como la que recibió Noruega debido a su petróleo y gas, puede ser una maldición tanto como una bendición. Los Emiratos Árabes Unidos, teniendo reservas petroleras que se estima durarán solo entre 10 y 15 años, redujeron los requerimientos de otorgamiento de visas para la mayoría de los occidentales como parte de un esfuerzo para acelerar el desarrollo de una industria turística viable. Con el reciente descubrimiento de las inmensas reservas petroleras del Mar Caspio, Kazakistán se encuentra al inicio de ese proceso. Esos países, como Noruega, fueron ganadores en la lotería de los recursos naturales, pero eso no garantiza que seguirán siendo ricos una vez que los ingresos que ahora reciben desaparezcan.



Si bien, el hallazgo de reservas masivas de petróleo significó una oportunidad de oro, hoy el país enfrenta una severa situación económica que exige la reducción del aparato estatal y la aplicación de una política de inversión sensata.

Esto es un extracto de un comentario de: Gunnar Bårdsen

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Pablo Ramírez Torrejón (AC)

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